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	<title>¡Toma buena! &#187; comedia</title>
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	<description>Crónicas cinematográficas de Hugo Flores</description>
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		<title>Celebrity: La Dolce Vita</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 09:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Federico Fellini]]></category>
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		<category><![CDATA[Woody Allen]]></category>

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		<description><![CDATA[Con menor unanimidad, en cuanto a las críticas se refiere, se ha estrenado en nuestras salas la última película de Woody Allen, una cita casi obligada para todo cinéfilo de pro, en especial desde que al genio de Brooklyn le ha dado por estrenar film todos los años, en una clara demostración de su actual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con menor unanimidad, en cuanto a las críticas se refiere, se ha  estrenado  		en nuestras salas la última película de Woody Allen, una cita casi  obligada  		para todo cinéfilo de pro, en especial desde que al genio de Brooklyn  		le ha dado por estrenar film todos los años, en una clara demostración   		de su actual estado de gracia.</p>
<p>Esta vez, Allen extiende sus redes sobre el superficial  universo de  		la jet (léase actores, modelos, productores e incluso intelectuales),  		como contexto para sus particulares &#8220;neuras&#8221;, personalizadas en el  personaje  		interpretado por el actor Kenneth Brannagh (Woody Allen se ha limitado   		a dirigir, usando al actor británico como <em>alter ego</em>), un novelista  articulista  		cuarentón, fracasado profesional y sentimentalmente, que trata de  colar  		un guión mediocre a alguna gran estrella de cine, y su ex-esposa  (maravillosa  		Judy Davis) , una &#8220;activista&#8221; católica que en un momento crucial  encuentra  		la fama y el amor, algo que, por otra parte, no ha buscado y que  incluso  		le causa remordimientos, fruto, sin duda, de su estricta educación  religiosa,  		lo que da pie a situaciones realmente jocosas, como la espléndida  escena  		en que la protagonista recurre a una profesional del sexo para que le  		adiestre en artes amatorias y esta última le muestra cómo hacer la  felación,  		usando para ello un plátano.</p>
<p>Aparte de afrontar la llamada crisis de los cuarenta, el paso  del tiempo  		y la búsqueda desesperada de la felicidad en plena decadencia vital  (el  		film se abre y se cierra con un avión que escribe en el cielo la  palabra  		&#8220;HELP&#8221;, o sea, ¡ayuda!), Allen disecciona en apenas dos horas toda una   		inmensa fauna de personajes famosos que deambulan por Nueva York,  desde  		la estrella de relumbrón que, al igual que Clinton, no incluye el sexo   		oral como acto de infidelidad conyugal, pasando por la impresionante  modelo  		calienta-braguetas, hasta el ídolo juvenil adicto al sexo y las drogas   		(Leonardo Di Caprio interpretándose, probablemente, a sí mismo),  incluyendo,  		además, a escritores, dramaturgos, periodistas, magnates, productores  		de cine y televisión&#8230;, todo ello conformando, como bien se explica  en  		el propio film, un mundo en el que todos son célebres y nadie es un  desconocido,  		donde todo forma parte del espectáculo, donde &#8220;skin heads&#8221; y adeptos  del  		Ku Klux Klan comparten canapés con activistas afroamericanos y rabinos judíos, antes de lo que se presume como un intenso &#8220;talk-show&#8221;  televisivo,  		donde encontrar los anhelados 15 minutos de fama, la mayoría de las  veces,  		es pura cuestión de suerte. Un universo, sin duda, deudor del mejor  Federico Fellini  		(director muy admirado desde siempre por Allen), en especial, de su  magnífica  		<strong>La Dolce Vita</strong>, deliciosamente fotografiado en blanco y negro (en esto  		hasta se permite un pequeño chiste con un ficticio realizador de  culto)  		y, de nuevo, apoyado en un reparto de los que quitan el sentido, lo  que  		confiere a <strong>Celebrity</strong> un alto grado de ironía.</p>
<p>Si algo hay que achacarle a la película, quizás sea el escaso  juego  		que proporciona Brannagh como protagonista, tal vez demasiado  influenciado  		por el tipo de personajes que suele interpretar Woody Allen de manera  		más convincente. También se echa en falta una mayor presencia  cuantitativa  		del personaje interpretado por Winona Ryder en la historia, dada su  importancia  		cualitativa (es, por así decirlo, la falsa materialización del deseo  del  		novelista). Pese a ello, mi impresión general es que, una vez más,  Woody  		Allen nos ha dado a todos una lección de cómo contar una historia de  enorme  		complejidad y múltiples lecturas en poco tiempo (la concisión del  guión  		es francamente asombrosa) y de forma amena, sin resultar en ningún  momento  		cargante o pretencioso, algo que no puede decirse de ciertos &#8220;popes&#8221;  de  		la cultura audiovisual elevados a la categoría de mitos y endiosados  por  		su egocentrismo sin límites. Uno de ellos, acaba de dejarnos  recientemente,  		y no doy más pistas&#8230;</p>
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		<title>La Vida es Bella: Sacrificio</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Apr 2010 18:04:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
				<category><![CDATA[comedia]]></category>
		<category><![CDATA[drama]]></category>
		<category><![CDATA[Federico Fellini]]></category>
		<category><![CDATA[Nicoletta Braschi]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Benigni]]></category>
		<category><![CDATA[Vittorio De Sica]]></category>

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		<description><![CDATA[En primer lugar, no aspiro a ser quien zanje definitivamente el espinoso tema de si es factible hacer comedia de un asunto tan serio como es la Shoah (lo que comúnmente denominamos Holocausto Judío). Y no soy quien, sencillamente, por que no he conocido el inmenso sufrimiento que supuso para millones de seres humanos el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En primer lugar, no aspiro a ser quien zanje definitivamente el espinoso  		tema de si es factible hacer comedia de un asunto tan serio como es la <em> Shoah</em> (lo que comúnmente denominamos <em>Holocausto Judío</em>). Y no soy quien,  		sencillamente, por que no he conocido el inmenso sufrimiento que supuso  		para millones de seres humanos el exterminio nazi.</p>
<p>Sí puedo decir, siempre a modo de opinión personal, que no he encontrado  		nada en <strong>La Vida es Bella</strong> que pueda resultar ofensivo contra lo que significó  		aquella tragedia. Si la película no refleja la realidad de aquellos hechos  		de modo absolutamente fiel, tal vez sea por que Roberto Benigni, al igual  		que el protagonista, quien protege a su pequeño, ocultándole con mentiras  		y cuentos el terrible drama que están viviendo dentro de un campo de exterminio  		nazi, sacrifica esa realidad, disfrazándola a modo de fábula (algo que  		nos deja muy claro al principio de la película), apelando, si duda, a  		lo poco, tal vez, poquísimo, que nos queda de inocencia a los espectadores.  		Me parece, de ser esa su intención, un hermoso gesto por su parte.</p>
<p>De todos modos, cabría decir que, si bien la primera mitad del film,  		la que narra el encuentro y conquista de una bella dama de familia acomodada  		(la muy expresiva Nicoletta Braschi) por un sencillo y dicharachero camarero  		judío, en pleno apogeo fascista en Italia, sigue los dictados de la clásica  		comedia italiana, con homenaje incluido a Fellini y De Sica, salpicada  		con detalles surrealistas y bufonescos, la segunda mitad adquiere unos  		tintes tragicómicos como hacía años que no se veían. Esa mezcla de sensibilidad,  		sentimiento y amor por la vida hace que el espectador salga del cine con  		una extraña sensación agridulce, conmovido por el inmenso sacrificio del  		protagonista (genial, pese a su histrionismo, Roberto Benigni), y contento  		porque esa apuesta por la inocencia se ve finalmente jalonada por una  		salvación, no completa, pero sí todo lo feliz que podía ser, dadas las  		circunstancias.</p>
<p>Sería muy difícil escoger un momento destacable de la película, ya que  		está lleno de instantes memorables, pero esa última mirada del padre a  		su hijo, esa última payasada antes del desenlace, hacen que pagar por  		ver esta joya no sólo no constituya un sacrificio, sino que para mí supuso  		un regalo inolvidable. La vida es bella porque es única. Gracias, Roberto,  		de todo corazón.</p>
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		<title>Toy Story 2: El síndrome de Estocolmo</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Apr 2010 11:36:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
				<category><![CDATA[animación]]></category>
		<category><![CDATA[comedia]]></category>
		<category><![CDATA[infantil]]></category>
		<category><![CDATA[Ash Brannon]]></category>
		<category><![CDATA[John Lasseter]]></category>
		<category><![CDATA[Lee Unkrich]]></category>

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		<description><![CDATA[Existen muy pocos precedentes de segundas partes o secuelas que superen una primera entrega. Así, de pronto, se me ocurren algunos ejemplos: El Padrino 2, El Imperio Contraataca, La Novia de Frankenstein, etc. La primera entrega de Toy Story, película revolucionaria en cuanto a su concepto y su realización, cuenta con el mérito añadido de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Existen muy pocos precedentes de segundas partes o secuelas que                  superen una primera entrega. Así, de pronto, se me ocurren algunos                  ejemplos: <strong>El Padrino 2</strong>, <strong>El Imperio Contraataca</strong>, <strong>La Novia de Frankenstein</strong>,                  etc. La primera entrega de <strong>Toy Story</strong>, película revolucionaria                  en cuanto a su concepto y su realización, cuenta con el mérito                  añadido de crear de la nada unos personajes, unos caracteres con                  un complejo perfil psicológico, así como un universo peculiar                  en el que se desenvuelven. Por tanto, la difícil superación del                  original debía, obligatoriamente, venir por otros caminos. Quizás,                  por una mayor indagación en el aspecto psicológico, así como una                  elaboración más cuidada del guión y de la puesta en escena. Objetivo                  conseguido.</p>
<p>John Lasseter, el auténtico cerebro creativo de Pixar (pese a                  que, esta vez, parece haber querido mantenerse en un discreto                  segundo plano, al menos, en cuento al aspecto promocional del                  film), vuelve a profundizar en la que ha sido, desde sus primeros                  cortos, la constante temática -con la salvedad de <strong>Bichos</strong>- de su                  carrera: la vida secreta de los objetos; y lo hace utilizando                  como pretexto argumental un viaje aventura, que se convierte,                  al mismo tiempo, en un viaje conocimiento. El secuestro de Woody,                  al intentar rescatar a un pingüino de juguete, de apariencia,                  por cierto, muy similar a la mascota oficial de Linux, por un                  coleccionista sin escrúpulos, quien tratará de venderlo como reliquia                  a un museo japonés, es la excusa perfecta, para que, una vez más,                  los intrépidos juguetes se lancen al rescate, movidos por sentimientos                  tanto de amistad como de gratitud, especialmente en el caso de                  Buzz Lightyear. Pero hay más: a raíz de su secuestro, Woody descubre                  su pasado, cuando era la estrella principal de un antiguo programa                  televisivo, que le dio fama, años antes de que los juguetes espaciales                  coparan las preferencias de los niños. Se reencuentra con sus                  antiguos compañeros del espectáculo, en especial, con una joven                  vaquerita, Jesse, inspirada ciertamente en la jovial Juanita Calamidad,                  quien le abrirá los ojos acerca de una realidad cruel, aplicable,                  y esto es lo importante, no sólo a los juguetes, sino también                  a las personas: el paso del tiempo y los cambios que obran en                  los sentimientos, conducen, indefectiblemente, hacia la pérdida                  del afecto por aquello que se posee, y, como consecuencia, al                  abandono, la indiferencia y el olvido. Ocurre con los juguetes                  de nuestra infancia, a medida que nos hacemos mayores, ocurre                  con los amigos en distintas etapas de nuestra vida, ocurre con                  nuestros padres, a medida que se convierten en ancianos necesitados,                  generalmente, del mismo afecto que nos han proporcionado durante                  gran parte de nuestra existencia, ocurre con la pareja, cuando                  nos cansamos de ver, al despertar, la misma cara frente a nosotros,                  cuando ya no soportamos los ronquiditos que antes nos parecían                  tan simpáticos, cuando el amor, inevitablemente, deja de existir&#8230;</p>
<p>Woody comprende, de inmediato, la situación y el temor le lleva                  a optar por la fama de vitrina y exposición, que, al menos, es                  imperecedera -o eso cree él- antes que disfrutar de un cariño,                  más directo, más real, pero con fecha de caducidad. Sin embargo,                  gracias, sobre todo, a la audaz intervención de sus amigos, Woody                  se da cuenta que, por mucho que lo intente, no pude dejar de ser                  lo que es y cuál es su función en la vida, no como obligación,                  sino como sentido de la misma. Descubre que ese amor, aunque condenado                  a morir, es mucho más intenso que la cadena perpetua tras un frío                  cristal, bajo la mirada atónita de niños y mayores, a quienes                  ni siquiera conoce, y que no podrán jugar con él. En cambio, valdrá                  la pena vivir cada instante de su preciosa existencia como juguete.                  Convence de ello a Jesse (no así al viejo capataz del espectáculo,                  quien se siente desplazado a la categoría de juguete de segunda                  clase, y ve en el museo una oportunidad de ser reconocido) y todos                  juntos, tras una trepidante aventura -en la que, de paso, Buzz                  Lightyear se enfrentará a un doble suyo (escena claramente inspirada                  en un episodio de <strong>Star Trek</strong>), reviviendo su adquirida toma de                  conciencia, y Rex, el dinosaurio, encontrará el valor del que                  carecía para enfrentarse al peligro-, volverán, sanos y salvos                  a casa de su dueño.</p>
<p>Hay en Toy Story, además, una profunda vocación cinéfila: tomas                  asombrosas, posibles sólo en el contexto de la realidad virtual,                  una mayor definición en los &#8220;decorados&#8221;, con un uso magistral                  de la profundidad de campo, y en los personajes, en especial,                  en los humanos, absolutamente logrados, así como continuas referencias                  a clásicos del cine, tan dispares como <strong>2001: Odisea del Espacio</strong>, <strong>Robocop</strong>, <strong>Parque Jurásico</strong> (Rex reflejado en el retrovisor de coche de juguete), <strong>El Imperio                  Contraataca</strong> (memorable la secuencia en que el malvado Zorg confiesa                  al doble de Buzz Lighyear que, en realidad, él es su padre), <strong>Viva                  las Vegas</strong>, con sugestivo encuentro con las siempre sonrientes                  Barbies, en plan fiesta playera, <strong>Dos Hombres y un Destino</strong> (asalto                  al portamaletas del aeropuerto), <strong>La Jungla 2: Alerta roja</strong>, etc.</p>
<p>Pero lo que, sin duda, más asombra de <strong>Toy Story 2</strong>, como ya ocurría                  en la primera, es, precisamente, que no asombra, no hay en ella                  retórica, ni pretenciosidad, ni virtuosismo hueco, ni prepotencia,                  ni ostentación gratuita de medios -que los tiene, y muchos-, sino,                  por el contrario, una exquisita sencillez y un gusto por el detalle                  que nos hace olvidar, durante los cortísimos 92 minutos que dura,                  que se trata de una película realizada íntegramente por ordenador.                  ¿Que no lo había comentado hasta ahora? ; bueno, seguramente no                  hacía falta, ¿verdad? Disfrútenla, y no olviden visionar las                  &#8220;falsas tomas falsas&#8221; que aparecen en los títulos de crédito finales.</p>
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		<title>Torrente, el brazo tonto de la ley: La conjura de los necios</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 14:21:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tras varias exitosas incursiones en el terreno del cortometraje, por fin, Santiago Segura, uno de los personajes más creativos y &#8220;sui generis&#8221; de la escena cultural española, debuta a lo grande en este peculiar largometraje, heredero de la comedia costumbrista patria más entrañable y, a la vez, más casposa, con personajes patéticos, pero que no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras varias exitosas incursiones en el terreno del cortometraje, por fin, Santiago Segura, uno de los personajes más creativos y &#8220;sui generis&#8221; de la escena cultural española, debuta a lo grande en este peculiar  largometraje, heredero de la comedia costumbrista patria más entrañable y, a la vez, más casposa, con personajes patéticos, pero que no son más que un reflejo distorsionado de nuestra sociedad, empezando por el protagonista, un  policía fascista, racista, machista y del &#8220;Atleti&#8221;, estandarte del franquismo ideológico superviviente aún en nuestro democrático país. El gran acierto  de Santiago Segura consiste en presentárnoslo como un tipo afable, simpático pero incorruptible y firme en sus convicciones, en un alarde de  incorrección política tan discutible como refrescante, con un sentido del humor la mar  de corrosivo.</p>
<p>El guión, a mi juicio, deslavazado e incoherente, es lo de menos. Lo importante es el modo, casi cariñoso, como el director refleja el  acontecer cotidiano del orondo policía (interpretado por el propio Santiago Segura)  y sus compañeros de fatigas, destacando, por encima de todos, un estupendo Javier Cámara, como el coleguilla algo obseso del protagonista, la jugosa Neus Asensi, de parecido asombroso con Sofía Loren, como la vecinita cachonda, y por supuesto el gran Tony Leblanc, recuperado inteligentemente por Santiago Segura, quien interpreta al padre, obligado a pedir por las calles, del cruel policía.</p>
<p>Estos y otros personajes, interpretados en su mayoría por personajes muy conocidos por el público (entre ellos el fallecido Espartaco Santoni), entretejen una trama bastante deslavazada de traficantes de  droga y restaurantes chinos, donde lo que más interesa es el calculado tono castizo y neo-realista  (curiosa mezcla de estilos), acentuada por una cutre, aunque resultona, banda sonora (con temas cantados, entre otros,  por el &#8220;Fary&#8221;), que el director-actor-guionista da a todas y cada una de las situaciones, con algún pequeño guiño malicioso al cine yanqui de acción  más hortera. Sin olvidar, como ya hemos comentado, la ambigüedad -para muchos polémica- del personaje central.</p>
<p>Y es que convertir a un fascista despreciable en héroe -o antihéroe- de  una película siempre resulta, cuanto menos, arriesgado. A todos esos  apologetas de lo políticamente correcto les recomiendo que, en un rato libre, se lean esa magistral obra de John Kennedy Toole titulada La conjura de los  necios, a mi juicio, el mejor libro escrito en el siglo XX, y con el que <strong>Torrente</strong> guarda -salvando las distancias- curiosas similitudes. ¿Es <strong>Torrente</strong> la versión madrileña y facha de Ignatius Reilly? Juzguen ustedes.</p>
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		<title>Mejor&#8230; Imposible: El lado bueno de la vida</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Dec 2009 16:50:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
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		<category><![CDATA[James L. Brooks]]></category>
		<category><![CDATA[Rupert Everett]]></category>

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		<description><![CDATA[Como ya es habitual, el irregular director norteamericano James L. Brooks, realizador de la multipremiada y sensiblera La fuerza del cariño, vuelve a contar con su amigo Jack Nicholson para una comedia, cuyo principal aliciente no reside exactamente en la historia que nos cuenta, sino en las portentoso trabajo de sus intérpretes, entre los que, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como ya es habitual, el irregular director norteamericano James L. Brooks, realizador de la multipremiada y sensiblera <strong>La fuerza del cariño</strong>, vuelve a contar con su amigo Jack Nicholson para una comedia, cuyo principal aliciente no reside exactamente en la historia que nos cuenta, sino en las portentoso trabajo de sus intérpretes, entre los que, además del propio Nicholson, ganador del Oscar de la Academia de Hollywood, destacan una portentosa Helen Hunt (que recuerda poderosamente a actrices clásicas de comedia, como, por ejemplo, Carole Lombard), también ganadora del Oscar, capaz de sostener la mirada al mismísimo Jack (algo nada fácil de conseguir), y un memorable Greg Kinnear (nominado para el Oscar al mejor actor de reparto), quien, con su estupendo papel de gay, consigue el milagro de hacernos olvidar al Rupert Everett de <a href="/la-boda-de-mi-mejor-amigo/"><strong>La boda de mi mejor amigo</strong></a>.</p>
<p>Jack interpreta a Melvin, un neurótico compulsivo, desagradable, machista, homófobo, paradigma de la mentalidad políticamente incorrecta (en la ceremonia de entrega de los &#8220;oscars&#8221;, Billy Crystal bromeó afirmando que sería el perfecto candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos), quien, sin embargo, es capaz de escribir novelas románticas de éxito. Y es que, en el fondo de ese ser aparentemente despreciable, se esconde un corazón sensible al que le cuesta emerger a la superficie, pero que, a lo largo del film se irá manifestando cada vez con más fuerza, gracias a los dos personajes, la camarera cuyo hijo sufre todo tipo de alergias asmáticas, y el pintor gay, dueño de un simpático perrito (todo un puntazo), hasta concluir en el inevitable final feliz, tan predecible como complaciente.</p>
<p>Con un guión de tono costumbrista, más atento a la evolución de los personajes que a desarrollar un argumento, una realización un tanto convencional e irregular (significativo que el director no hubiese sido nominado al Oscar), y que hace una contundente -aunque, tal vez, desvirtuada por tratarse de una clásica comedia romántica- denuncia del terrible sistema sanitario estadounidense (el pintor arruinado al pagarse una operación de cara tras ser horriblemente agredido en su propia casa, la chica cuyo seguro médico no le llega ni para realizarle unas analíticas a su hijo&#8230;). Un film, en definitiva, interesante, con algunas lagunas, y que cuenta, probablemente, con el mejor trabajo interpretativo, en cuanto a comedia se refiere, de los últimos años. Las risas están aseguradas.</p>
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