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	<title>¡Toma buena! &#187; Steven Spielberg</title>
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	<description>Crónicas cinematográficas de Hugo Flores</description>
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		<title>El proyecto de la bruja de Blair: En los límites de la realidad</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 09:42:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Daniel Myrick]]></category>
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		<description><![CDATA[Considerada, tal vez precipitadamente, como la película más esperada del momento, The Blair Witch Proyect es una muy interesante ópera prima, propia de dos mentes privilegiadas, que plantea una acertada reflexión acerca de lo real y lo aparente, aparte de constituir un perfecto análisis de los mecanismos del terror en estado puro, pero cuyo mayor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Considerada, tal vez precipitadamente, como la película                  más esperada del momento, <strong>The Blair Witch Proyect</strong> es una muy interesante ópera prima, propia de dos mentes                  privilegiadas, que plantea una acertada reflexión acerca                  de lo real y lo aparente, aparte de constituir un perfecto análisis                  de los mecanismos del terror en estado puro, pero cuyo mayor logro                  ha sido revolucionar las normas no escritas sobre la promoción                  y explotación comercial de las películas, a través                  de una táctica de guerrilla que ha tenido como campo de                  batalla estelar la red de redes: Internet.</p>
<p>Con un presupuesto ínfimo (aunque convenientemente maquillado                  por la distribuidora, que no ha sumado los gastos de postproducción                  ni los de explotación, que ascienden a más de 30                  millones de dólares) y un espíritu innovador, quizás                  demasiado, el proyecto de Sánchez y Myrick parte de un                  planteamiento de falso documental para ir derivando hacia terrenos                  hiper-realistas, no siempre bien resueltos, que tratan de involucrar                  al espectador en un juego de falsas verdades y mentiras a medias,                  de las que ni siquiera los propios protagonistas, absolutos desconocidos,                  hasta ahora, han podido escapar. Es el propio film el que aporta                  una estupenda clave para entender el propósito de los directores.                  Concretamente, en una de las escenas, uno de los protagonistas                  cree entender la razón por la que a la integrante femenina                  del trío, y directora del proyecto, le gusta tanto mirar                  a través de su cámara de vídeo, llegando                  a la siguiente conclusión: &#8220;Lo que ves a través                  de ella no es real, es un filtro de la realidad&#8221;. ¿Acaso                  no es eso, exactamente, lo que percibimos a través de la                  televisión, o de cualquier medio de comunicación:                  la realidad filtrada, mediatizada, que nos distancia de la verdad                  al tiempo que nos la muestra?</p>
<p>El siguiente hallazgo del film tiene que ver con su adscripción                  al género de terror. Mucho antes de sentirse perseguidos,                  los protagonistas caen en una profunda ansiedad, generada por                  el aislamiento, el sentirse perdidos, el convencimiento de que                  nadie les encontrará, de que nadie les buscará,                  pese a que la protagonista aluda al patriotismo americano, ante                  la irónica burla de sus compañeros, que no dudan                  en entonar el &#8220;América, América&#8221; e incluso el himno                  de los Estados Unidos. Cuando el miedo de los tres estudiantes                  comienza a concretarse, lo hace de forma casi implícita.                  En ningún momento observamos cara a cara la amenaza, la                  percibimos en el sonido, en la oscuridad, también en los                  silencios (el film carece de música, salvo en los títulos                  de crédito finales), las miradas aterrorizadas de los muchachos.                  Es terror en estado puro, ansiedad que se torna, a veces, en morbosa                  curiosidad (&#8220;¡tengo que ver lo que es eso!&#8221; &#8211; repiten incesantemente                  los protagonistas) que nunca se verá satisfecha, pues el                  final, deliberadamente confuso y extraño no arroja ninguna                  luz que descifre el enigma.</p>
<p>Pero el gran hallazgo del film no se haya en sus méritos                  artísticos, que los tiene, al igual que numerosos defectos                  (secuencias que sobran, guión forzado y pretencioso, montaje                  demasiado coherente que pone en peligro el pretexto argumental                  de la película, etc.), sino que atañen a lo puramente                  comercial.</p>
<p><strong>El Proyecto de la Bruja de Blair</strong> significa, a mi juicio,                  un antes y un después en cuanto a política de promoción                  de películas se refiere. Cimentada sobre su página                  web, <a title="The Blair Witch Project" href="http://www.blairwitch.com/">www.blairwitch.com</a>, la estrategia publicitaria, basada en                  la información progresiva, abierta, extensa, participativa,                  capaz de involucrar a millones &#8220;visitantes&#8221; diarios, ha funcionado                  con la perfección de un reloj suizo. Tal repercusión                  ha adquirido dicha táctica, que, incluso, hay quien, acertadamente,                  considera a <strong>The Blair Witch Proyect</strong>, la película,                  como una prolongación de su página en Internet,                  o sea, al contrario de lo que, hasta ahora, era lo común                  y, en cierto modo, lógico. Sólo por ello, esta película                  merece ser calificada como pionera, un ejemplo a seguir en adelante.                  De hecho, ya comienza a haber imitadores (el ejemplo más                  evidente es New Line Cinema, que ya ha empezado a divulgar imágenes                  de <strong>El Señor de los Anillos</strong>, incluso antes de que                  <a href="http://tomabuena.com/tag/peter-jackson/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Peter Jackson">Peter Jackson</a>, quien también ha dado a conocer públicamente                  el guión, inaugure el rodaje de la misma), que han optado                  por esta política frente al secretismo de las grandes productoras                  y de sus vacas sagradas, llámense Lucas, Kubrick o Spielberg.                  ¡Hoy el público quiere información!</p>
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		<title>La delgada línea roja: La naturaleza en conflicto</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 11:31:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con tan sólo dos películas, la entonces prometedora Malas Tierras y la bella, aunque a veces empalagosa, Días del cielo, el director norteamericano Terrence Malick, uno de los personajes más enigmáticos del cine de las últimas décadas (se ha llegado a decir, tal vez precipitadamente, que es el J. D. Salinger del séptimo arte), se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con tan sólo dos películas, la entonces prometedora <strong>Malas  		Tierras</strong> y la bella, aunque a veces empalagosa, <strong>Días del cielo</strong>,  		el director norteamericano <a href="http://tomabuena.com/tag/terrence-malick/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Terrence Malick">Terrence Malick</a>, uno de los personajes más  		enigmáticos del cine de las últimas décadas (se ha llegado  		a decir, tal vez precipitadamente, que es el J. D. Salinger del séptimo  		arte), se granjeó la simpatía de una serie de críticos  		intelectuales, pasando a formar parte de la elite de cineastas de culto.  		Ajeno a estas afinidades, Malick decidió tomarse un descanso que  		ha perdurado la friolera de veinte años.</p>
<p>Ahora, tras tan larga ausencia, vuelve a la dirección con un  		film bélico poético y desgarrador, adaptación libérrima  		de una novela de James Jones, autor de la célebre &#8220;<strong>De aquí  		a la eternidad</strong>&#8220;, que narra la terrible experiencia de un batallón  		destinado a la toma de la isla de Guadalcanal durante la Segunda Guerra  		Mundial.</p>
<p>Resultaría inútil hacer comparaciones entre la complejísima  		y, en ocasiones, metafísica película de Malick y la directa,  		brutal y muy física <a href="/salvar-al-soldado-ryan/"><strong>Salvar al Soldado Ryan</strong></a> de <a href="http://tomabuena.com/tag/steven-spielberg/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Steven Spielberg">Steven Spielberg</a>,  		de no ser por su coincidencia en el tiempo y en el género que abordan.  		Ambos directores, aún compartiendo el mismo objetivo último  		desmitificador de la guerra (más matizado en el segundo caso),  		siguen caminos muy diferentes, yo diría que opuestos, enfrentados.  		Mientras que la de Spielberg es una película de personajes, en  		la que los soldados adquieren todo el protagonismo, <strong>La Delgada Línea  		Roja</strong> prefiere escarbar en el entorno, en esa contraposición trágica  		entre la naturaleza (la misma, en realidad) en estado primitivo, dotada  		de una incomparable belleza, y esa otra naturaleza hostil, cruel que envuelve  		la batalla.</p>
<p>No es el único conflicto que muestra el film. Hay, además,  		un extraordinario conflicto interior (expresado en voz en off) en todos  		y cada uno de los personajes de la película, y que, a mi juicio,  		tiene que ver con la idealización y la búsqueda de la divinidad,  		representada para unos en un sentido literal (el capitán destituido),  		para otros en la persona amada, de la cual se espera que permanezca fiel  		durante la ausencia (el soldado interpretado por <a href="http://tomabuena.com/tag/ben-chaplin/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Ben Chaplin">Ben Chaplin</a>), o en una  		bucólica isla habitada por una tribu, cuyos miembros conviven en  		absoluta armonía, recordándonos la naturaleza bondadosa  		e inocente del hombre (el personaje, llamémosle principal, encarnado  		por el desconocido <a href="http://tomabuena.com/tag/jim-caviezel/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Jim Caviezel">Jim Caviezel</a>). En los tres casos la búsqueda  		se ve truncada por la siniestra lógica de la guerra, por la inhumana  		ambición de quienes viven de ella (a destacar, en este sentido,  		el imprescindible papel que desempeña el teniente coronel interpretado  		por Nick Nolte), y esa gran mentira, denunciada colosalmente por el sargento  		del batallón (magnífico, como siempre, <a href="http://tomabuena.com/tag/sean-penn/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Sean Penn">Sean Penn</a>), que conduce  		al enfrentamiento entre seres humanos (aquí Malick no hace distinciones  		entre japoneses y americanos, como puede comprobarse en la magistral secuencia  		de ataque al campamento nipón) y a la destrucción de todo  		cuanto hemos creado.</p>
<p>Quizás, el único fallo de la película, pero suficiente  		para no considerarla una obra maestra, sea que la absoluta falta de retórica  		(un elemento que sí es apreciable en el film de Spielberg) y la  		exquisita profundidad con que está tratado el tema, no llega a  		compensar las interminables tres horas que dura la película, tal  		vez por que el señor Malick, gran amante de la ornitología,  		se explaya demasiado en la contemplación de loritos verdes (por  		no hablar de los innumerables <em>flash-backs</em> con la dichosa mujercita de  		soldado), y esto, mezclado con la carga filosófica del film, puede  		resultar indigesto. A mí, a veces, me pareció una pedantería,  		eso sí, brillantemente fotografiada (el trabajo de <a href="http://tomabuena.com/tag/john-toll/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con John Toll">John Toll</a> es,  		sencillamente, perfecto) y con un envoltorio musical (made in Hans Zimmer)  		realmente espléndido. ¡Ah!, y una recomendación: admiradores  		de <strong>Rambo</strong>, abstenerse de ir a verla.</p>
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		<title>Salvar al soldado Ryan: ¡Sálvese quién pueda!</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 17:05:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El maestro Sam Fuller solía decir que su película bélica ideal sería aquella en la cual un francotirador disparara a los espectadores desde detrás de la pantalla, pues sólo así tendrían una percepción clara de lo que es el miedo a morir en combate. Según este presupuesto, Salvar al soldado Ryan contiene, en dos largas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El maestro Sam Fuller solía decir que su película bélica ideal sería  aquella en la cual un francotirador disparara a los espectadores desde detrás de  la pantalla, pues sólo así tendrían una percepción clara de lo que es el  miedo a morir en combate. Según este presupuesto, <strong>Salvar al soldado Ryan</strong> contiene, en dos largas secuencias muy puntuales lo más parecido a la guerra que se  ha visto hasta ahora en una pantalla de cine.</p>
<p>Pocas veces se ha mostrado con tanto verismo el horror y la crueldad del combate como en la recreación cinematográfica que realiza Spielberg del desembarco de las tropas aliadas en Francia, concretamente en <em>Omaha Beach</em> (Saint-Laurent-sur-Mer), batalla considerada clave en la resolución final  de la Segunda Guerra Mundial, con la que se abre el film, o en la no menos terrorífica secuencia final, en la que los protagonistas tratan de  defender un puente ente el avance incontenible de las tropas alemanas. En ambas secuencias Spielberg recurre al tono documental, obviando toda referencia  al patriotismo y heroicidad de los soldados aliados, muy al contrario, lo que se nos muestra es un dantesco torbellino de vómitos, cráneos destrozados, vísceras reventadas, carne chamuscada y, sobre todo, miedo y confusión de unos soldados atrapados en una auténtica carnicería, donde el valor y la ética son irremediablemente sustituidos por los recurrentes &#8220;sálvese quien pueda&#8221;, &#8220;matar o morir&#8221; y &#8220;no hacer prisioneros&#8221;.</p>
<p>Para estas escenas Spielberg, inteligentemente, utiliza la filmación  cámara al hombro, con imágenes granuladas y borrosas, al estilo de las famosas fotos de Robert Capa, intencionadamente demacradas, exceptuando el color rojo de la sangre (el trabajo fotográfico de <a href="http://tomabuena.com/tag/janusz-kaminski/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Janusz Kaminski">Janusz Kaminski</a> constituye, aparte de lo mejor del film, todo un hito en la historia del cine); un montaje vigoroso, con continuos cambios de ritmo, con una utilización nada artificiosa del &#8220;ralentí&#8221;, técnica con la que Spielberg abandona el estruendo de ametralladoras y morteros y, por unos instantes, consigue centrar toda nuestra atención en las imágenes, multiplicando por cien su efecto devastador sobre el, ya de por sí, aturdido espectador.</p>
<p>Lo que hay entre medias es un continuo descenso a los infiernos por parte  de un grupo de soldados, capitaneados por un magistral Tom Hanks (que no ganó el Oscar por culpa de Roberto Benigni), asqueados de la guerra y de su  siniestra lógica, quienes, por motivos humanitarios, son enviados a rescatar a un soldado (<a href="http://tomabuena.com/tag/matt-damon/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Matt Damon">Matt Damon</a>) que ha perdido a tres de sus hermanos en combate. Spielberg sigue el trágico periplo de estos soldados indagando en sus personalidad, sacando a la luz sus miedos, sus dudas así como el  traumático efecto que la guerra causa sobre ellos, convirtiendo a humildes ciudadanos de a pie en verdaderos asesinos sin escrúpulos, algo que el capitán interpretado por Tom Hanks no esta dispuesto a tolerar, ni en su persona,  ni en sus soldados.</p>
<p>Spielberg da muestra, a menudo, de un singular distanciamiento bretchiano, en escenas como la de los soldados rebuscando el nombre de James Ryan  entre las chapas identificativas de los caídos en combate (en alusión  directísima a <strong>Invasión en Birmania</strong>, de <a href="http://tomabuena.com/tag/raoul-walsh/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Raoul Walsh">Raoul Walsh</a>), o la macabra confusión con otro soldado del mismo nombre. Sin embargo, otras veces se muestra demasiado ampuloso y superficial: la justificación de la misión en base a una carta  de Abraham Lincoln, la muy mal resuelta secuencia en que los soldados  escuchan una canción francesa (compárenla con una conmovedora escena, bastante similar, que aparecía en <strong>Senderos de Gloria</strong>, de <a href="http://tomabuena.com/tag/stanley-kubrick/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Stanley Kubrick">Stanley Kubrick</a>), el mediocre comienzo y el moralista final en el cementerio de soldados estadounidenses, etc.</p>
<p>Por otra parte, Spielberg peca de soberbia al afirmar que &#8220;todas las películas sobre la Segunda Guerra Mundial rodadas en Hollywood durante los últimos 50 años eran románticas versiones de los días de gloria, eran entretenimiento y propaganda&#8221;. No cuenta Spielberg que sus principales fuentes de inspiración para esta película han sido auténticas joyas del  cine bélico, como la anteriormente mencionada <strong>Senderos de Gloria</strong>, la estupenda  <strong>La roja insignia del valor</strong>, de John Huston , la imprescindible <strong>Uno Rojo: división de choque</strong>, de Sam Fuller (quizás, junto a la casi olvidada <strong>Cuatro hijos</strong>, de John Ford, el referente más claro de <strong>Salvar al soldado Ryan</strong>),  las sobrecogedoras <strong>Playa roja</strong>, de Cornel Wilde, o <strong>El puente</strong>, de Bernhard Wicki (claramente inspiradora de la batalla final); por no hablar de otros  títulos más recientes, como <strong>La chaqueta metálica</strong>, de Kubrick (recuerden sino la escena del francotirador), <strong>Platoon</strong>, de <a href="http://tomabuena.com/tag/oliver-stone/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Oliver Stone">Oliver Stone</a>, etc. Películas que, pese a que algunas no tratan sobre la Segunda Guerra Mundial, abordan con gran rigor el tema de la futilidad de las guerras, porque todas las  guerras son igualmente crueles e injustas.</p>
<p>Y es que, como muy bien afirmaba Maruja Torres en un artículo de la época, &#8220;Spielberg cree que los grandes temas de la humanidad empiezan a existir para la pantalla cuando el los toca&#8221;. Puede que para los olvidadizos  yanquis tenga razón Spielberg. Tal vez por ello se han apresurado, a mi juicio, precipitadamente, a calificar a Salvar al soldado Ryan como &#8220;la mejor película bélica de la historia&#8221;.</p>
<p>Pero lo peor no es esto. Mucho más grave, y lo que constituye un auténtico agravio comparativo respecto a los filmes anteriormente mencionados, es la escasa valentía de Spielberg al eludir toda profundización crítica hacia  los altos mandos (auténticos promotores de las carnicerías guerreras) y toda  la estructura militar en su conjunto (tan sólo unas leves referencias a la &#8220;cadena de mandos&#8221; y a la inutilidad de arriesgar la vida de varios  soldados para salvar la de uno que ni siquiera se sabe si está vivo). Da la  sensación de que el señor Spielberg pretende dejar contento a todo el mundo. Por un lado denuncia la crueldad y la falta de ética de las guerras, pero por  otro justifica la Segunda Guerra Mundial apelando a la lucha por las  libertades. Lo siento, pero este argumento no se sostiene. Esta guerra, como muchas otras, se podría haber evitado a tiempo.</p>
<p>Si encima recurre al discurso parcial, sensiblero y moralista (la bandera estadounidense ondeando y el recordatorio general subjetivizado en la persona del soldado Ryan: &#8220;haz que merezca la pena -lo que hemos hecho por ti-&#8221;), entonces no cabe duda de que estamos todavía muy lejos de ver una obra maestra. Pese a que en nuestra retina quedarán para siempre grabadas imágenes como la del soldado nazi clavando un puñal al soldado judío-americano, el espanto de un chaval de academia ante la masacre, el &#8220;ajusticiamiento&#8221; diferido de un prisionero poco escarmentado,  anteriormente liberado, la incomprensión del soldado interpretado magníficamente por <a href="http://tomabuena.com/tag/edward-burns/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Edward Burns">Edward Burns</a> (director de <strong>Ella es única</strong>), el fanatismo religioso de un francotirador con la sangre de horchata, la pérdida de la inocencia de un casi niño de la América profunda, convertidas en lágrimas de anciano en deuda permanente con su pasado, y sobre todo la mano temblorosa y la  mirada perdida de un antihéroe americano.</p>
<p>Insisto, aun le queda mucho a Spielberg para convencerme de su valía, pero éste es, sin duda, un gran paso adelante. Para completar el camino lo  tiene francamente fácil. Sólo tiene que volver a sus orígenes: a la maravillosa sencillez de <strong>Duel</strong> (<strong>El diablo sobre ruedas</strong>), la admirable frescura de <strong>Sugarland Express</strong> (<strong>Loca evasión</strong>) y, por supuesto, el portentoso pulso narrativo de <strong>Jaws</strong> (<strong>Tiburón</strong>), sus tres obras maestras todavía no superadas.</p>
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		<title>Titanic: Bigger Than Life!!!</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 11:40:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Producción de elefantiásicas proporciones y desmesurado presupuesto, Titanic, de James Cameron (quien, hasta ahora, había vivido siempre bajo las permanentes comparaciones con el Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg), es una de esas obras de ingeniería cinematográfica puesta al servicio de las emociones, llamadas a formar parte de la memoria colectiva de los cinéfilos durante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Producción de elefantiásicas proporciones y desmesurado presupuesto, <strong>Titanic</strong>, de <a href="http://tomabuena.com/tag/james-cameron/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con James Cameron">James Cameron</a> (quien, hasta ahora, había vivido siempre bajo las permanentes comparaciones con el Rey Midas de Hollywood, <a href="http://tomabuena.com/tag/steven-spielberg/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Steven Spielberg">Steven Spielberg</a>), es una de esas obras de ingeniería cinematográfica puesta al servicio de las emociones, llamadas a formar parte de la memoria colectiva de los cinéfilos durante varias generaciones.</p>
<p>Exquisitamente realizada, montada y fotografiada, utilizando todos los medios tecnológicos y artísticos de este final de siglo, <strong>Titanic</strong> es, sin embargo, una película que alcanza su grandeza en la historia de pasión, convencional, sí, pero siempre conmovedora, entre sus dos jóvenes protagonistas: un fascinante <a href="http://tomabuena.com/tag/leonardo-di-caprio/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Leonardo Di Caprio">Leonardo Di Caprio</a> (capaz, con sólo una mirada, de derretir plateas enteras repletas de muchachitas en flor -¡Dios, qué envidia me da!-, entre histéricas declaraciones de amor eterno, aunque imposible) como el joven Jack, un pintor bohemio destinado a salvar la vida, &#8220;en todos los sentidos&#8221;, a una adolescente, Rose (maravillosa <a href="http://tomabuena.com/tag/kate-winslet/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Kate Winslet">Kate Winslet</a>), perteneciente a una familia aristócrata inglesa venida a menos, obligada, por decreto maternal, a contraer matrimonio con un prepotente norteamericano burgués, millonario, a pesar de su ignorancia, posesivo y reaccionario (<a href="http://tomabuena.com/tag/billy-zane/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Billy Zane">Billy Zane</a>, quizás lo único olvidable de la película). La travesía y posterior hundimiento del &#8220;insumergible&#8221; <strong>Titanic</strong>, símbolo universal del peligro que supone la imparable ambición humana por dominar el mundo a través de la tecnología, sin contar apenas con el factor humano (llama la atención que, en un barco equipado con los últimos avances tecnológicos de la época, los vigías no cuenten siquiera con prismáticos que les permitan ver los icebergs a distancia), se convierte así en mero transfondo trágico de esa pasión (la certidumbre sobre el desastre que se avecina hace que nos identifiquemos más con los protagonistas y nos involucremos más decididamente en la historia), un transfondo que no elude el aspecto social de lucha de clases, al retratar las desiguales condiciones en que viajaban tanto los pasajeros como la tripulación, según fuera su adscripción social, y la distinta suerte que corrieron durante la tragedia.</p>
<p>En un plano meramente formal hay que dividir la película en dos partes bien diferenciadas: una primera parte en el que vamos conociendo a los personajes, y en el que se da rienda suelta a la pasión y al proceso de desencorsetamiento de la joven protagonista, a raíz de su encuentro con el pintor, y que parte de la búsqueda de un extraordinario diamante (elemento que James Cameron utiliza como un <em>McGuffin</em>, pues para el espectador no tiene, en absoluto, valor) y del relato de su presunta propietaria, una anciana superviviente del naufragio que revivirá su traumática experiencia en un ejercicio de introspección que recuerda bastante a películas como <strong>Pequeño Gran Hombre</strong>; y una segunda parte, conmovedora y espectacular, que en algunos momentos nos recuerda al mejor <a href="http://tomabuena.com/tag/einsenstein/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Einsenstein">Einsenstein</a> (con grandiosos movimientos de masas, primeros planos y secuencias simbólicas, como la de los platos cayendo de los estantes, metáfora del declive de toda una época: la Eduardiana), en la que Cameron incluye momentos dignos del mejor teatro del absurdo (el miembro de la tripulación que amenaza al protagonista con hacerle responder ante la compañía por haber roto un panel, mientras el barco se hunde irremediablemente; o ese otro empleado que se suicida de un tiro en la sien por su incapacidad para controlar a las masas, matando incluso a un pasajero), sin olvidar escenas de una gran belleza, (como la de los ancianos esperando la muerte en su lecho, o los sensacionales <em>travellings</em> en las calderas que mueven el barco) o sencillamente dantescas (la barca navegando entre un mar de cadáveres), que hacen que pequeños fallos, como el de incluir ecos en alta mar, pasen casi desapercibidos.</p>
<p>Esta claro que, además, la historia está contada desde dos puntos de vista: el de la anciana Rose, centrada en lo puramente sentimental, y el del propio director (es obvio que muchos pasajes de la historia no podía conocerlos la protagonista), de claro contenido épico. Ambos puntos de vista se complementan y superponen a la perfección, desarrollando una compleja estructura narrativa, repleta de saltos temporales magníficamente conseguidos, y que culminan con la, para muchos, discutible secuencia final, que no voy a relatar por motivos obvios.</p>
<p>Por último, hacerme eco de dos escenas, a mi juicio memorables, como son la de la cena en el comedor de primera clase, y, sobre todo, la sensual escena en la que Jack retrata a la protagonista en toda su desnudez, simplemente ataviada con el preciado diamante. Un retrato que reflejará muchos años después el lado más pasional y humano de una de las mayores tragedias de nuestro siglo.</p>
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		<title>El Mundo Perdido: ¡Qué grande es ser papá!</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Feb 2009 18:16:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Flores</dc:creator>
				<category><![CDATA[ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Steven Spielberg]]></category>

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		<description><![CDATA[En primer lugar, resulta alarmante que la media de edad de los espectadores de El Mundo Perdido ronde los 8 años cuando se nos avisa claramente que la película es ¡no recomendada para menores de 13 años!. No os podéis imaginar el infierno por el que un servidor tuvo que pasar antes y durante la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En primer lugar, resulta alarmante que la media de edad de los espectadores de <strong>El Mundo Perdido</strong> ronde los 8 años cuando se nos avisa claramente que la película es ¡no recomendada para menores de 13 años!. No os podéis imaginar el infierno por el que un servidor tuvo que pasar antes y durante la proyección: que si una niña que no paraba de decirle a su madre, a voz en grito, que quería ir al servicio (quizás de puro cague), que si un chavalín que no paraba de gritar y taparse los ojos con las manos (curiosamente, al final de la proyección aplaudió a rabiar), y otro tipo de atrocidades que no me voy a parar a relatar.  Puede que todos estos hechos condicionaran mi opinión respecto al film. No lo sé. Lo que sí sé es que al acabar la película no esperé a que terminaran los títulos de crédito para salir despedido cual alma que lleva el diablo de la sala, y esto es muy significativo en mi caso, creedme. Justamente este verano tuve la ocasión de leer el libro en que presuntamente -y recalco lo de presuntamente- se basa la película y, si bien no me pareció precisamente una joya de la narrativa contemporánea, desde luego opino que le da mil patadas al engendro de Spielberg. Al menos la novela se sustenta a base de las continuas referencias que ella se hacen a la teoría del caos (al igual que ocurría en <strong>Parque Jurásico</strong>) y las variaciones del comportamiento como factor determinante en la evolución de las especies o, en algunos casos, como causa de su extinción, cosa que en la película casi se ha eliminado en aras de una mayor espectacularidad, o sea, para que el espectador se &#8220;deleite&#8221; con las continuas dentelladas, descuartizamientos varios y, en general, con una especie de &#8220;pista americana pseudo-gore&#8221; de pésimo gusto. Todo ello salpicado de un tufillo paternalista reconocible, no sólo en la manida relación amor-odio entre el profesor Malcolm y su repelente hijita Kelly (otra licencia del sensiblero Spielberg), sino en la asombrosa demostración de amor paterno de que hacen gala los T-Rex, algo que ya se dejaba notar en la novela pero que Spielberg ha llevado a límites insospechados, con esa parte final que comienza como un &#8220;homenaje&#8221; a <strong>Speed 2</strong> y que transcurre en las transitadas calles de San Diego cual remedo de <strong>King Kong</strong> o quién sabe si como anticipo de <strong>Godzilla</strong>.</p>
<p>Pero no son estas las únicas licencias que se ha tomado el Rey Midas de Hollywood. Se puede decir que no se ha respetado ni un ápice el contenido de la novela de Crichton: ni los personajes, ni las situaciones, que se amontonan sin un mínimo criterio, ni en la resolución de la historia. Incluso el comienzo ha sido rescatado de la primera novela. Especialmente lamentable me parece lo del personaje de Sara, la auténtica heroína de la novela, capaz de sacar de mil y un apuros a Malcolm y compañía al más puro estilo <strong>Rambo</strong>, y que en la película no para de gritar, sollozar y ser rescatada cual princesa de cuento de hadas, como en la escena de la caravana colgando del precipicio -por otra parte, lo mejor del film. La heroicidad femenina Spielberg se la adjudica a una (hasta el momento que, tras un espectacular ejercicio gimnástico, sacude una patada a un velocirraptor) asustada Kelly. También es verdad que la película no ha podido librarse de la alargada sombra de <strong>Parque Jurásico</strong>. Así Spielberg no ha dudado en rescatar algunos personajes de la primera película, como el inaguantable Hammond y sus detestables nietos, o de hacer continuas referencias visuales a éste. Referencias que se extienden a la banda sonora, cuyo tema principal parece sacado de una peli de indios y vaqueros, y que contiene pequeños fragmentos pertenecientes a <strong>Parque Jurásico</strong>. Pero, curiosamente, mientras que en el mencionado film no dudaban en cepillarse a los dinosaurios para evitar problemas en el futuro, en <strong>El Mundo Perdido</strong> Spielberg se saca de la manga un discurso conservacionista muy propio de la era Clinton, y  de paso deja la puerta abierta a una más que previsible tercera parte, esta vez con bichos voladores incluido. Todo sea por el bien de la industria juguetera y de las multinacionales de la &#8220;alimentación&#8221;, que a buen seguro se estarán  frotando las manos con tanto bichejo y tanta monserga. Nosotros sí que estamos perdidos.</p>
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